La inteligencia artificial acaba de desplazar a la inflación y a las presiones económicas como el factor que más podría transformar los viajes corporativos en el corto plazo. Un estudio de Business Travel Show America, realizado entre más de 200 responsables de viajes empresariales de Norte y Sudamérica, señala que el 22% considera que la IA tendrá el mayor impacto sobre el sector durante los próximos 15 meses. Le siguen los avances en tecnología y datos, con 17%, mientras que la presión económica y la inflación —que encabezaban el ranking un año atrás— caen al 16%.
El entusiasmo, sin embargo, viene acompañado de cierta impaciencia. Uno de cada cinco responsables consultados considera que la integración de la IA avanza demasiado lentamente, mientras que el 44% se queja de la demora para actualizar o personalizar las soluciones tecnológicas existentes. También aparecen problemas como la falta de flexibilidad, los costos adicionales de adaptación y la escasa integración entre plataformas de reservas, gastos y pagos. Apenas un 7% de los encuestados concede la máxima calificación a su actual ecosistema tecnológico. El mensaje para los proveedores parece claro: las empresas no quieren otra aplicación llamativa; quieren sistemas que realmente conversen entre sí y generen mejores decisiones.
El cambio ya es visible entre los propios viajeros. La encuesta global 2026 de SAP Concur encontró que el 75% de los viajeros de negocios ya utiliza herramientas basadas en IA en alguna parte de sus desplazamientos. El problema es que la adopción está corriendo más rápido que las políticas corporativas: un 72% asegura que ha utilizado o utilizaría herramientas no aprobadas por su organización para planificar o reservar viajes. Para los CFO, esto abre una nueva conversación sobre seguridad de datos, cumplimiento y hasta posibles fraudes en gastos.
Desde la perspectiva operativa, la oportunidad va mucho más allá de pedirle a un chatbot que encuentre un vuelo. Amadeus plantea un escenario en el que la IA se integra directamente en el flujo de trabajo: puede sugerir vuelos y hoteles de acuerdo con presupuesto y políticas internas, detectar gastos o reservas fuera de las normas, anticipar disrupciones y ayudar a interpretar grandes volúmenes de datos sobre costos, sostenibilidad o comportamiento de los viajeros. La promesa es que reservar un viaje deje de ser una sucesión de plataformas y formularios para convertirse en una conversación integrada dentro de las herramientas que el empleado ya utiliza.
Ahí está probablemente el verdadero cambio para las empresas. La IA no necesariamente sustituirá a las agencias de viajes corporativos ni eliminará el componente humano; puede hacer que ese trabajo sea más estratégico. Especialistas llevan años señalando que la combinación de datos, automatización y asistencia humana permite personalizar mejor la experiencia y simplificar decisiones complejas. En 2026, esa visión está tomando una nueva dimensión: el reto ya no es decidir si la IA llegará a los viajes de negocios, sino cómo integrarla con datos confiables, reglas claras y suficiente supervisión para que la eficiencia no viaje separada del control.







